Los accidentes mecánicos no son, en su gran mayoría, designio del azar. Por lo regular son el resultado de fallas humanas que comprometen variadas responsabilidades. El caso de la niña de 11 años que murió de golpes en la cabeza que sufrió tras caer de un juego mecánico en Hato Mayor recuerda la obligación de la seguridad de las instalaciones y la estricta supervisión de las autoridades. No basta con solo solicitar autorización y pagar los arbitrios correspondientes para instalar juegos que puedan poner en riesgo la vida de personas. La muerte de Liangle Ramírez Reyes al caer del juego La Estrellita suena la alerta sobre la operación de instalaciones mecánicas para diversión mayormente de menores de edad. Más allá de la detención y medidas de coerción a Simón María Estévez Ramos, propietario de Estévez Park, el suceso demanda una investigación más profunda.