El que ve, a través de la televisión, una de las asambleas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) puede decir que las ha visto todas, porque regularmente se caracterizan por el exhibicionismo de discursos, disputas entre naciones, elogios, quejas, insultos y, finalmente, se toman resoluciones sobre temas que, en la mayoría de los casos, nunca se resuelven.