Con el terrorismo puesto en práctica por el pirata inglés Francis Drake en mares y océanos, la diplomacia y el fanatismo religioso —calvinismo versus catolicismo— del siglo XVI pasaron a ser de sal y arena, y el escenario de ese periodo fue dominado por los estruendosos y mortíferos arcabuces, los ruidosos y letales mosquetes, como también por los aparatosos y tormentosos garfios.