De no ser por la caída de la prima del dólar, (que extrañamente algunos economistas han tratado de satanizar por el impacto en algunos sectores), con el alza desbordante de los precios del petróleo y sus derivados, el transporte marítimo y otros componentes como resultado de conflictos internacionales, no se sabe cómo anduviera esa estabilidad económica y social que ha sido tan atractiva para la inversión extranjera y que el Gobierno trata de mantener sin importar los costos políticos.