Centro infernal Haina

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Aflora la ausencia de control y supervisión en el caso del centro “Restaurando vida, un muerto que revive”, ubicado en Haina, y que ha saltado a la palestra tras denunciarse que los niños acogidos en las instalaciones eran víctimas de explotación laboral, maltrato y otras supuestas violaciones de su integridad. No se explica cómo el centro, que dice dedicarse a la protección de personas desamparadas y vulnerables, podía estar operando, si de acuerdo con la directora de Conani, Ligia Peña Pérez, fue clausurado hace un año porque no cumplía los requisitos para los servicios que se proponía. Uno de los 14 niños alojados que escapó y que buscó apoyo en la Policía sirvió para la investigación que ha culminado con la intervención del centro, al frente del cual están los nombrados Ángel Gabriel Capellán e Isaías Ramón Muñoz Rodríguez. Si las autoridades se hubieran asegurado el cumplimiento de la clausura que se dispone los niños alojados no sufrirían las supuestas vejaciones de que han sido víctimas. El niño que escapó y pidió auxilio en destacamento de la Policía de Hatillo denunció que recibían golpes, quemaduras, privación de alimentos, además de no asistir a escuelas y otros castigos físicos. La investigación tiene que abarcar todos los aspectos, porque se evidencia que los controles no se cumplieron. Otra experiencia.

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