Tener algo que decir es muy diferente a tener que decir algo. El ceremonial de una boda, por ejemplo, incluye la exhortación a quien tenga algo que decir que pueda objetar esa unión a que lo diga. En esa celebración, a nadie se le impone “tener que decir algo”. Las palabras son las mismas, pero el orden de colocación determina el sentido de la frase.