Hay momentos en los que el deporte trasciende el marcador y se convierte en un reflejo puro del alma de un país. Eso fue exactamente lo que vivimos los días 3 y 6 de julio, cuando la Selección Dominicana de Baloncesto salió al tabloncillo para enfrentar a Estados Unidos y Nicaragua en la primera ventana clasificatoria hacia el Mundial FIBA Qatar 2027. Más que partidos, fueron demostraciones de carácter, orgullo y una conexión inquebrantable con su gente.