Durante años se nos enseñó a imaginar a los ciberdelincuentes como individuos aislados operando desde una habitación oscura. La realidad actual es mucho menos romántica y bastante más preocupante. Una parte importante del cibercrimen funciona hoy como una industria global, con herramientas especializadas, cadenas de suministro, mercados clandestinos y modelos de negocio diseñados para maximizar resultados.