TEGUCIGALPA.- A menos de tres semanas para inscribir alianzas que participarían en las elecciones generales del 28 de noviembre en Honduras, líderes de varios partidos de oposición buscan acuerdos con el fin de sacar del poder al gobernante Partido Nacional, que lleva tres períodos al hilo en el poder.

El plazo para que el Consejo Nacional Electoral (CNE) conozca de las alianzas entre partidos se vence el 27 de mayo, sin que hasta ahora se hayan logrado acuerdos, aunque siguen abiertos a eso, porque los candidatos presidenciales electos el 14 de marzo en comicios internos y primarios, no quieren ceder la candidatura.

EGOS Y POSICIONES TRIUNFALISTAS DE LOS CANDIDATOS

Analistas consideran que la situación es difícil y no descartan que, si la oposición no conforma una alianza sólida, el Partido Nacional gane en noviembre un cuarto período consecutivo, pese al desgaste político que ha sufrido y denuncias de corrupción e involucramiento en delitos asociados al narcotráfico.

“Es muy difícil que una alianza se pueda formalizar entre partidos, porque tendría dificultades para que sea aceptada no solo entre los candidatos presidenciales, sino también a nivel de diputados y alcaldes”, dijo a Efe en Tegucigalpa el exfiscal general del Estado Ángel Edmundo Orellana.

A eso hay que añadir situaciones internas, como en el Partido Liberal, cuyos estatutos establecen que solo la convención puede autorizar al candidato presidencial para formalizar una alianza, pero le pone la condición de que la candidatura de la alianza la encabezará ese mismo instituto político, explicó.

Otras causas que condicionan cualquier alianza política en Honduras, según Orellana, son “los enormes egos y actitudes triunfalistas de los candidatos”.

En los comicios generales del 28 de noviembre, los undécimos desde 1981, serán elegidos el nuevo presidente del país, tres vicepresidentes, 298 alcaldías municipales, 128 diputados al Parlamento local y 20 al Centroamericano.

Las principales fuerzas de oposición son los partidos Libertad y Refundación (Libre), surgido en 2011 luego del golpe de Estado del 28 de junio de 2009 al entonces presidente hondureño, Manuel Zelaya; el Liberal, con más de un siglo de historia, y el recién creado Salvador de Honduras.

La candidata presidencial de Libre es Xiomara Castro, esposa de Manuel Zelaya; mientras que los candidatos del Partido Liberal y Salvador de Honduras son Yani Rosenthal y Salvador Nasralla, respectivamente.

Castro ha descartado por ahora, por falta de acuerdos, una alianza con Yani Rosenthal.

Nasralla, por su parte, no quiere alianza con Rosenthal, aduciendo que en agosto regresó al país, después de cumplir tres años de cárcel en Estados Unidos, acusado de lavado de dinero asociado al narcotráfico.

CLASE POLÍTICA CULPABLE DE LA ACTUAL SITUACIÓN

Honduras arrastra una crisis política derivada del golpe de Estado de 2009, que se agudizó en 2017 con la reelección del actual presidente, Juan Orlando Hernández, pese a que la Constitución no lo permite bajo ninguna modalidad.

Hernández buscó la reelección a partir de una interpretación que hizo el poder Judicial en mayo de 2015.

Además, según la oposición, Hernández se reeligió mediante un fraude y desde entonces ha venido exigiendo, sin éxito, su salida del poder.

Orellana, quien en el Gobierno de Manuel Zelaya fue ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa, señaló que “lo que está ocurriendo en el país lo han provocado los dirigentes de los partidos políticos”, al haber participado en elecciones internas y primarias sin que haya sido aprobada la nueva Ley Electoral.

Añadió que los políticos “se conformaron con integrar los órganos electorales para aplicar las reglas viejas al proceso electoral actual, lo que nos pone en evidencia y al desnudo de que lo que querían era participar en los cargos, nada más. No había ningún interés por cambiar sustancialmente el proceso electoral”.

“Por otro lado, los mismos dirigentes de los partidos se han reunido para ver la manera de cómo mantener el statu quo del sistema, pero no para hacer cambios sustanciales”, enfatizó el exfiscal, quien considera que es un error que en el país no se haya acordado la segunda vuelta electoral.

En opinión de Orellana, todavía es posible la aprobación de una nueva Ley Electoral, aunque el problema que ha surgido es que la que están proponiendo los políticos “es prácticamente un 95 o 98 % de la vieja ley”.

Además, Orellana considera que pese a la crisis política que vive el país, todavía es posible que un solo partido, sin alianza, pueda ganarle al Partido Nacional, del que señaló que “está muy desprestigiado después de tres períodos de Gobiernos desastrosos y ser el culpable de la crisis económica y social”.

El problema, según el excanciller hondureño, es que “las próximas elecciones no van a ser transparentes y confiables, simplemente porque se va a replicar el mismo esquema que operó para las elecciones primarias”.